El Bosque, disfrutando de la Sierra de Cádiz

Y nos vamos a El Bosque. Decía mi abuela que todos los santos tienen novena, algo que no se si es correcto aplicar a mi tardanza para publicar esta entrada en el blog. Lo cierto es que hasta hoy no tuve tiempo de sentarme un rato a contaros esta genial escapada… así que allá voy.

Hace poco os estuve hablando de la Sierra de Cádiz y de sus quesos. Sin embargo hoy quiero hablaros de una experiencia panarra  en un rinconcito de ensueño. Se trata de El Molino de Abajo y del que ahora os cuento. Pero vamos por partes y comienzo por el principio, que si no lo hago así, me pierdo.

El pasado mes de junio mi amiga y compañera bloguera Lola Lopez de La Fritada organizó una escapadita bloguera a esta precioso pueblo. Para los que no lo conocéis os diré que es un pueblecito pequeño bañado por el Majaaceite  y donde se respira una calma especial. Conserva ese encanto de pueblo de Sierra con sus gentes tranquilas y su amabilidad, , a pesar del turismo rural que atrae la zona. Una deliciosa escapada que comenzó preparando mi primer pan.

Bueno, ciertamente este bellezón no es el primero. El primero fue éste de Iban Yarza y de esto ya hace un tiempo. Pero si ha sido uno de los primeros panes que he hecho y que salió bonito y bueno. Comenzamos la visita a el Molino de Abajo, donde Fran nos descubrión la magia de la artesanía, de la tradición y del tesón de una familia. El molino al que acudía todo el pueblo a moler sus trigos  Gentes sin más formación que la que te da la vida cuando el hambre aprieta. Ingenio a raudales y ganas de mejorar los pocos mecanismos que se tenían . Lo que ahora todos llaman innovación, pero esta si que era innovación de verdad.

La familia de Fran consiguió sacar el máximo partido a un molino de agua ¡qué suerte la nuestra! Para los que no sois de la zona, El Boque cuenta con las más altas pluviometrías de España. Por eso pusieron en marcha el molino y aprovecharon toda la fuera del agua. Bendito abuelo aquel, que inculcó el cariño y la pasión a toda la familia. Varias generaciones hasta que cayó en manos de Fran, profesor que dejó las aulas por este proyecto familiar, y que entre toda la familia y el equipo del molino, han conseguido crear un espacio en el que recorres parte de la historia del pan.

De El Molino de Abajo son los mejores molletes de la zona. Preparan el pan de gran parte de las ventas de la Sierra de Cádiz. Y os aseguro que es absolutamente delicioso todo lo que allí preparan. Estuvimos un buen rato en un pequeño museo que tienen en el molino. Un espacio en el que ves la vida pasar observando los distintos aperos y utensilios. Las fotos no hacen justicia, pero os recomiendo que vayáis a conocerlo si tenéis ocasión.

Pero no sólo eso, también y allí mismo dimos un taller de pan. Nos explicaron  todo el proceso y luego nos pusimos todos a amasar. A la hora de dar forma a cada pieza me vi tan perdida que me estuve fijando en las habilidosas manos de Encarna Lozano de El Grupo Almirez. Gracias ella hice esta trenza que me daba pena hasta comer.

La idea era que en la comida que tuvimos después , comeríamos el pan recién horneado y así fue. Una experiencia sólo equiparable a comerte un #TomateconSabor  que tu mismo has criado. Lo único que en este caso no hay que esperar unos seis meses 😉

De camino a La Divina, hicimos una paradita técnica en El Bosqueño. Una empresa para quitarse el sombrero. Un proyecto que con la humildad y sabor a pueblo que pone en lo más alto del mundo mundial y fantástico tercer premio. . Si amigos, el Queso de Oveja Grazalemeña Emborrado en Salvado de Trigo el tercer mejor queso del mundo y es bosqueño.

Y después de tanta emoción , hasta hambre nos entró 😉 Por suerte Lola Lopez  había preparado con Antonio Galindo en el Restaurante La Divina  un menú degustación de una cocina que llevaba tiempo queriendo. conocer.

De todos los platos que allí probamos hay uno que si me gustaría destacar. Una caballa preparada a baja temperatura. Hacía mucho tiempo que probaba algo igual. La caballa que nosotros pescamos a menudo, es un pescado azul que se deteriora una barbaridad. La carne pierde textura enseguida y si no está muy fresco, mejor dejarla atrás. Sin embargo, quitarle las espinas a una caballa y cocinarla sin apenas estropear ni su piel ni su textura es digno de admiración. Y si esto sucede en plena Sierra de Cádiz, pues mejor que mejor. De veras Antonio, un aplauso de los grandes por vuestro trabajo y por vuestra manera de defender la cocina de calidad y apostar por un producto local.

Os dejo algunas fotos de las preparaciones, pero lo mejor es el sabor tan bueno que deja un diita en plena Sierra de Cádiz alejada de tu día a día.  Como veis yo para desconectar del campo, me voy a la Sierra y además paro en el camino para hacer alguna foto como ésta… cuando estoy todo el día rodeada de girasoles…. Creo que lo mío no tiene remedio.

Hasta muy prontito. 🙂

 

 

 

Pin It on Pinterest

Share This